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sábado, 15 de agosto de 2026

Crónica de una Tormenta Pop: El delirio, la dolce vita y el naufragio de Objetivo Birmania

Por los pasillos de la Movida, entre neones de saldo, batallas legales dignas de Hollywood y estribillos que se clavaron en el cerebro de toda una generación, se gestó uno de los episodios más bizarros y fascinantes del pop español.

Hay bandas que nacen para tocar en estadios bajo una lluvia de larks y amplificadores Marshall humeantes. Y hay otras que emergen de los sótanos de Madrid oliendo a laca Nelly, agitación de discoteca barata y fotocopias de fanzine. Objetivo Birmania pertenecía firmemente a esta segunda estirpe: una máquina de hacer bailar funk-pop que entendió la música pop no como un manifiesto solemne, sino como una fiesta perpetua en la que nadie quería apagar las luces.

Componentes de Objetivo Birmania


Tomando su nombre prestado de una vieja película bélica de Errol Flynn, la banda se plantó en la escena en 1982 con una formación que rompía los moldes del típico grupo de rock de la época. En su primera etapa, cuatro músicos masculinos —Francisco R. Musulén a los teclados, Luis Elices a las guitarras, Javier Escauriaza a la batería y Carlos de France al bajo— se escondían pulcramente en segundo plano para servir de coartada instrumental a una alineación vocal femenina que empezó con la cantante Mari Paz Álvarez y que pronto incorporó a las coristas y bailarinas Mónica Gabriel y Galán y Ana Fernández. Era una réplica cañí, deslenguada y luminosa a propuestas internacionales de funk tropical como Kid Creole and the Coconuts.



Primera etapa: Delicatessen de la Movida y el divorcio en los juzgados

Aquello olía a éxito underground, pero también a pólvora mojada. Tras foguearse con singles tempranos como "Shiwips" y "Cocofunk" (1983) editados con el sello independiente Rara Avis, la salida de Mari Paz dio entrada a una nueva voz principal, Yolanda Hens.

Con esta formación publicaron sus dos primeros álbumes de la mano de Warner:

  • Tormenta a las diez (1984), un debut rotundo que contenía joyas underground como "Desidia".

  • Todos los hombres son iguales (1985), consolidando un sonido techno-pop sofisticado y divertido.

Sin embargo, el rock and roll patrio rara vez perdona el éxito sin pasar factura interna. En 1986, el circo estalló por los aires: diferencias artísticas y tensiones internas provocaron una desbandada generalizada. Se abrió entonces un largo periodo de transición y una dura disputa legal por los derechos del nombre en los tribunales, de la que los músicos masculinos salieron conservando la marca.

Segunda etapa: El trío de chicas y la apoteosis del pop de radiofórmula

De las cenizas de aquel naufragio surgió la etapa definitiva, ideada desde la sombra por Carlos de France. El proyecto mutó radicalmente para convertirse en un trío vocal femenino al más puro estilo de Bananarama o Flans. Junto a la veterana Mónica Gabriel y Galán, ficharon a dos caras nuevas: Lola Baldrich y Marisa Pino.

Monica Grabriel y Galán, Lola Baldrich y Marisa Pinto


Con fichaje por Epic Records y una estética ultracomercial, publicaron en 1989 el álbum Los amigos de mis amigas son mis amigas. El impacto fue nuclear. La canción homónima se convirtió en un himno generacional absoluto:

"Los amigos de mis amigas son mis amigos / y mis amigos son..."

Era una letra descarada, una oda a la promiscua geografía sentimental de la España de los ochenta. El single arrasó en las listas de LOS40 y sonó en cada chiringuito de costa a costa, secundado por otros hits menores pero igualmente radiados como "La caza" o "Mi último fracaso". En 1990 ampliaron el éxito reeditando el pulso con temas como "A mi chico le gusta el inglés" o "Qué importa la edad".

El final de la pista de baile y su legado discográfico

Pero las carrozas del pop comercial suelen desinflarse con rapidez. En 1991 publicaron su cuarto y último álbum de estudio, Los hombres no ligan, que incluía cortes marchosos y de títulos muy explícitos como "Con faldas y a lo loco" y "Y yo con estos pelos (La más guapa de la fiesta)". La fórmula, sin embargo, comenzaba a dar muestras de fatiga ante el cambio de década y la mutación de los gustos musicales del público. A finales de 1991, el telón cayó definitivamente.

Hoy, la discografía oficial de Objetivo Birmania —recopilada con justicia en artefactos como el doble CD Todas sus grabaciones (1984-1991)— sobrevive en la memoria colectiva como un documento antropológico perfecto. Un placer culpable que resume una época en la que el pop español se atrevió a pintarse los labios de colores imposibles, recordándonos que, a veces, la historia de la música más divertida no la escriben los poetas malditos, sino aquellos que solo querían hacernos mover los pies.

Este video es relevante porque permite escuchar el icónico éxito de 1989 que definió la etapa más comercial y recordada del grupo español.


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